La inteligencia artificial hace que…
Ufff ¿Otro artículo más sobre qué hace, qué no hace, y cuántas maravillas nos promete?
Si te soy sincero, la mayoría de lo que leo por ahí se centra en las aplicaciones: sus funciones, sus capacidades, y cómo te van a solucionar la vida mientras te tomas un café.
Y sí, yo mismo tengo mi arsenal de apps recopiladas, clasificadas por si algún día me da por usarlas. Un enfoque útil, sin duda, para cuando la necesidad aprieta y tengo que bucear entre ellas.
Pero seamos honestos, este enfoque, aunque «adecuado», ya no es eficiente. Hoy en día, con herramientas como ChatGPT, Gemini, o cualquiera de sus primos, el juego ha cambiado. ¿Para qué matarte a buscar si le puedes pedir a tu IA favorita que haga el trabajo duro por ti? Le explicas tu problema con pelos y señales, y ella se encarga de buscar las aplicaciones más indicadas, compararlas, señalarte ventajas y desventajas, ahorrándote un buen puñado de horas.
Pero podemos ir todavía más allá. La verdadera eficacia está en combinar los dos métodos. Dile a tu chatbot que investigue, que analice, que compare. Y cuando haya terminado con su labor, pídele que añada a su análisis tu propia base manual de recomendaciones previamente recopiladas
Finalmente, una vez tengas la solución en tus manos y hayas elegido la herramienta perfecta para ti, pídele al mismo asistente que te enseñe rápidamente cómo usarla, eliminando la necesidad de leer largas y complejas documentaciones técnicas o manuales.
Mi enfoque y el de este boletín, es este: la clave no es tanto ir a la caza de la última aplicación de IA, sino en definir con claridad lo que realmente necesitas. Enfócate en tus problemas, en tus retos, y luego deja que la inteligencia artificial sea tu mayordomo personal para encontrar las soluciones.
Por eso, creo firmemente que el verdadero desafío no es implementar la IA en tu negocio, sino construir tu propio Sistema Personal de Inteligencia Estratégica.
Es un cambio de ángulo que te dará mejores resultados.


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